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Modus Vivendi, los 10 mandamientos de una alimentación saludable

Paola García y María Isabel Martínez han hecho del Yoga y la alimentación saludable un estilo de vida. A través de su estudio de Yoga: Modus Vivendi, en la ciudad de Quito y Cumbayá, comparten a diario su experiencia con decenas de personas que buscan bienestar físico, mental y espiritual. Desde esta perspectiva de vida, en la charla magistral para WOW, nos contaron los 10 mandamientos que aplican en su alimentación saludable basados en el recorrido personal y años de práctica en la disciplina del Yoga.Son decisiones pequeñas pero conscientes las que hacen la diferencia y transforman el alimento en medicina y salud.

Tras una corta y profunda meditación, estas fueron sus reflexiones:

1. LA DISCIPLINA: No es dieta ni dejar de comer. Yoga en sánscrito significa Unión. Unión del cuerpo con la conciencia, unión de la conciencia con el alma. Unir el bienestar físico con el bienestar mental. Yoga es una disciplina que transciende incluso a la hora de la comida para cuestionarnos ¿por qué comemos? ¿en dónde comemos? ¿cómo comemos?. Nuestro cuerpo es nuestro templo, lo mantenemos limpio y puro. Diariamente, a través de las Asanas (posturas de Yoga), nos conectamos con nuestro cuerpo y definimos qué necesita y cómo se lo podemos proporcionar. Lo escuchamos, lo queremos y lo cuidamos.

2. LA SALUD: Saber cuándo un alimento es saludable y cuándo deja de serlo. Vemos a la salud más allá de lo que comemos o hacemos como deporte. La parte mental y espiritual es igual de importante, por eso a la hora de la comida evaluemos quién nos cocina, de dónde vienen los alimentos, con quién estamos comiendo y el ambiente en el que lo hacemos. A veces tenemos casa llena pero estamos comiendo solos. Los detalles en la mesa, un mantel, una vajilla linda, hacen de la hora de comer algo especial. La salud entra por los ojos, por lo que escuchamos, por el lugar en el que nos encontramos. A veces una comida nos puede sentar mal y no necesariamente es por el alimento sino por el ambiente que acompañó el acto de comer.

Es positivo que los alimentos tengan certificaciones orgánicas, que estén libres de gluten, que evitemos los lácteos. Esa es solo la parte material pero hay otros aspectos que debemos tomar en cuenta como la energía, la emoción y el sentimiento que los acompañan.

3. LA CONCIENCIA: ¿Mi alimento es local, orgánico, natural? Es tiempo de hacer conciencia de estos detalles, de poner ojo a las pequeñas granjas y cultivos de donde provienen los alimentos, apoyar a los pequeños productores. Somos un país afortunado, tenemos tanta tierra y tanta variedad de alimentos que debemos aprovecharlos, apoyar a los productores y las comunidades. Preguntémonos ¿a quién le estoy comprando? ¿qué significa que le compre? El Yoga nos regala conciencia y consecuencia. La conciencia es coherencia.

4. EL BALANCE: No exageremos, ni de lo bueno ni de lo malo. A pesar de que comemos saludable, hay veces que el cuerpo nos pide comer chocolate o papas fritas con ají: ¡y sí que las comemos!, no nos hacen daño. Aprendamos a escuchar al cuerpo, lo que necesita y lo que rechaza. El balance es ni mucho ni poco, es hacer pausas, descansar y disfrutar. Pensamos en el balance como parte de todo lo que hacemos en el día, no solo a la hora de la comida sino también durante las horas de trabajo, de estudio o de entrenamiento. El balance es el equilibrio que nos da paz y tranquilidad, el que nos ayuda a entablar relaciones sanas con nosotros mismo, con la familia y con lo que nos rodea.

5. LA GRATITUD: Dar gracias totales e infinitas. La gratitud transciende a todo lo que hacemos. Estamos tan acostumbrados a tener comida al frente que muchas veces lo primero que decimos es “no me gusta” o “esto no quiero comer”, en vez de empezar por un: “gracias por esta comida”. Puede sonar cliché, pero en realidad hay muchos lugares en el mundo en donde no hay que comer, y sí, somos afortunados y por eso es necesario, aunque les parezca romántico y a otros cursi: agradecer. Agradezcamos a diario el alimento, a quien lo cosecha, a quien lo prepara, a quien nos invita, a quien nos comparte.

6. LOS SENTIDOS: Ver, oler, degustar, tocar, oír. Dentro de la alimentación es importante darse el tiempo de cocinar, comer sentados, armar una buena mesa, sentirse apasionados por lo que vamos a comer o preparar. Sintamos la comida con todo lo que somos. Si abrimos nuestros sentidos a lo que vamos a comer, las sensaciones se volverán más intensas a medida que percibimos el color, el olor, la textura, la temperatura, el volumen, la humedad y los sonidos que nos rodean a la hora de comer.

Afinemos el paladar comiendo como si fuera la primera vez que probamos algo. Descubramos sensaciones y emociones en cada bocado. Y no olvidemos que el amor es el ingrediente principal de toda comida.

7. LAS PORCIONES: ¿Mucho o poco? Aprendamos a qué hora comer y qué porción comer de cada alimento. Cuando saltamos las comidas se alteran las estrategias de decisión. En ese estado llegamos hambrientos a la mesa y queremos devorar inmediatamente lo que tenemos al frente sin importar la cantidad ni calidad de los alimentos. Cuando el hambre intensa nos invade, las fuerzas de la costumbre nos atrapan y nublan la mente consciente haciendo que tomemos malas decisiones a la hora de elegir lo que mejor conviene para mantener la salud y el bienestar. Establezcamos y fijemos horarios para las comidas, seamos constantes para ayudar a que el cuerpo se acostumbre y no requiera estar “picando” entre comidas mientras llega la hora de sentarse en la mesa. Recomendemos que además de las tres comidas principales en el día, hay que comer dos pequeños snacks saludables para mantener activo el metabolismo y estables los niveles de energía.

8. LOS BOCADOS: La importancia de masticar. Comer de forma pausada y sin distracciones, en silencio y masticando conscientemente, despacio, respirando, disfrutando, observando sensaciones, colores, formas, olores y sabores. De esta forma el sistema digestivo dispondrá de más tiempo para trabajar equilibradamente y favorecerá un mejor proceso de digestión, que empieza por la boca. La acción de masticar no cumple una función meramente mecánica de reducción de los alimentos, sino que, cuanto más se mastique, más tiempo tiene la saliva para segregar la enzima ptialina, responsable de descomponer los hidratos de carbono. Su ausencia supone un esfuerzo doble para el cuerpo en la descomposición de los alimentos y una digestión más lenta.

9. LA PAUSA: Tranquilidad. Respetar los tiempos de cada comida mejora la digestión y aporta beneficios tanto físicos como psicológicos. Un mayor margen de tiempo para comer es sinónimo de ingerir solo lo que el cuerpo necesita. Al comer más despacio la sensación de saciedad llega antes al cerebro y el cuerpo no recibe más calorías de las que necesita para funcionar. Se estima que la señal de saciedad tarda entre 20 y 25 minutos hasta llegar al cerebro. De forma inconsciente se reduce el consumo extra de alimentos, al darle al cuerpo sólo lo que requiere. A nivel psicológico, comer más despacio reduce el estrés, generando un mejor humor en general.

10. LA RESPIRACIÓN: Solo respira. Inhalando y exhalando regálate el tiempo de pensar y plasmar en una hoja los 10 mandamientos de tu alimentación saludable.

Contacto: González Suárez N33-12 y Bosmediano Quito, C.C Centro Plaza Local 115 Cumbayá

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