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Sara Palacios “Me vi saliendo del mal por mis propios pies”

¿Cómo se prepara una persona para enfrentarse a trece horas de nado ininterrumpido? ¿Cómo se lidia con la oscuridad infinita de una noche en aguas abiertas? Sara Palacios es una de las pocas mujeres en el mundo que tiene la respuesta a estas interrogantes.

 

Sara Palacios es la única sudamericana que se propuso cruzar los sietes mares, la segunda persona ecuatoriana en cruzar el Canal de La Mancha, la primera en cruzar Catalina (su más reciente travesía) y la única mujer ecuatoriana que se dedica actualmente a las maratones acuáticas, que consisten en cruces de nado en largas distancias.

Cada mar es distinto

 

Este fue el segundo de los Siete Mares que Sara se propuso cruzar. Catalina fue una carrea que resultó desconcertante, llena de factores que podían fácilmente desorientar a cualquier nadador. “En Catalina me pasó algo curioso. Empecé muy mal y terminé muy bien, cuando usualmente suele ser al revés, normalmente empiezas súper bien y luego te vas cansando” Los desafíos de Catalina fueron varios: en primer lugar, es una carrera que te toca sí o sí hacer durante la noche. Tienes que entrar alrededor de las once de la noche y sales a día siguiente al medio día. Después del medio día, el viento sopla muy fuerte y el cruce ya no es viable. Por eso se hace la carrera en ese rango horario. En el Canal de la Mancha también crucé en la noche. Pero Catalina fue una noche distinta. Muy cerrada. Muy oscura. Me golpeó bastante en la parte anímica” empieza Sara contando.

Otro factor sorpresivo fueron las corrientes, que tendían hacia atrás: “Cuando tú estás nadando, vas siguiendo la línea que hace el bote. Cuando ves la línea recta, piensas: ‘ah, qué bien estoy nadando rectito, súper bien’. Yo veía la línea recta del bote y pensaba que estaba nadando recto. Y, sí, la corriente no me estaba empujando de lado a lado; pero, en cambio, había corrientes que me movían de adelante hacia atrás y no es que se notaba en seguida. Cuando me pasaban la botella para abastecerme, yo veía que se iba para atrás y entonces entendía que la corriente se estaba moviendo de adelante hacia atrás. Cada vez que paraba, me iba hacia atrás. Nadas y no estás avanzando mucho o, a veces, nada”. Esta particularidad también se hace evidente si comparamos los tiempos y las distancias que Sara hizo en el Canal de La Mancha (12h58 minutos/42 kilómetros) y en Catalina (12h40 minutos/36 kilómetros).

Finalmente, la temperatura del agua también resultó extraña para Sara. “La temperatura del agua era de 19 grados centígrados, lo cual, en teoría, es muy manejable. Sin embargo, la temperatura del ambiente era mucho menor, era de entre 14 y 16 grados centígrados, lo cual ya es bajo. Entonces, yo en las paradas metía completamente el cuerpo, cuando me detenía a tomar agua y ahí en ese momento me sentía más caliente, lo cual resultaba raro. Les preguntaba: ‘¿pero a qué temperatura está el agua?’ y me respondían que a 19. Les insistía. Era raro. El cruce tuvo estos elementos desconcertantes, porque una podría pensar que iba a ser similar al Canal de La Mancha, más fácil, incluso, porque es más corto; pero no. Cada mar es distinto”

Catalina y sus detalles: preparación, sacrificios y recompensas

Sara empezó el cruce de Catalina la noche del 14 de julio y la terminó el 15 de julio. Toda la preparación para ese larguísimo momento le tomó un año, año en el que se mantuvo activa y en el que fue constantemente guiada por su entrenador. “Yo nunca paro. Si bien mi principal proyecto es conquistar Los Siete Mares, estoy constantemente participando en otras maratones en aguas abiertas. Mi siguiente carrera será la emblemática Vuelta a Manhattan. 20 bridges. Al completar esta carrera, junto con Catalina y La Mancha, habré alcanzado otro reto que es el reto de la Tripe Corona, como una especie de Grand Slam en el tenis”. Lograr la hazaña le costó, en términos económicos, alrededor de 15000 dólares, los cuales se gestionaron con el apoyo de la empresa privada, sobre todo gracias a su principal auspiciante, Güitig. En cuanto a la alimentación, dice Sara, repitieron la misma fórmula que usaron para el Canal de La Mancha, que básicamente consiste en hacer comidas abundantes y frecuentes, siempre y cuando se mantuvieran dentro de parámetros saludables, por supuesto. “Se respetó lo básico: evitar el azúcar, grasas, frituras, etcétera” explica la atleta.

¿Cómo logra, entonces, Sara mantenerse a flote en un entorno tan complejo como el océano? “Durante mi preparación estoy entrenando mi mente constantemente. Tengo algo que hago y es que me visualizo terminando la carrera. Pero no solo eso. Visualizo cada parte del proceso. Investigo mucho con anticipación y me preparo para el clima, las condiciones, etcétera porque sé más o menos cómo va a ser. También me repito constantemente que son trece horas de nado y estoy consciente de eso en todo momento. Además, tengo algunos mantras, como: No te vas a salir (que lo digo en cada frazada, cuando desmayo); El dolor es temporal y Si te sales te vas a arrepentir, entre otros. También me ayuda mucho la motivación de mi equipo, que son mi esposo y mis padres. A veces, me gritan: ¡Dale! Otras veces me dan mensajes más específicos con un pizarrón de tiza liquida que llevamos en la travesía. Esta vez, en Catalina, me vi saliendo de la playa por mis propios pies y esa imagen la repetía en mi cabeza, hasta terminar” explica.

Al final de todo, la experiencia, ciertamente, tiene su gran recompensa. Además de poder verse al espejo y reconocerse como una aguerrida nadadora, Sara tiene la oportunidad que pocos tienen: ser una con el océano y acercarse a sus misterios: “El mar es un gigantesco ser vivo y es infinito. Hay tanto en él que no conocemos y creo que eso justamente hace que muchas veces uno le tenga miedo. Siempre que me meto al mar me queda un porcentaje de temor ahí escondido, porque la imaginación es más atrevida que la realidad. Ese consciente imaginativo dice: ¿y si se me asoma un monstruo? ¿O una criatura desconocida? ¿O un tiburón? Yo nunca había tenido un encuentro con algún animal grande, hasta ahora. Pero esta vez durante la madrugada estuvimos acompañados por varios delfines. Pasaban debajo de mí, encima de mí. Es muy difícil de explicar lo que sentí: fue maravilloso; sentí que era un regalo; me sentí tan afortunada. Fue un momento único, mágico”