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El lenguaje del dolor

Por: Antonia Schmidt-Kakabadse

Phd y Dr.Sc. En medicina alternativa y complementaria

¡Ay ay ay, me duele… la sangre! Con semejante manifestación de dolor, que seguramente solo puede sentir un escolar, tratando de convencer a la madre que definitivamente no puede ir a la escuela. ¡Cómo debe doler la sangre! y también con que velocidad desaparece el dolor, si la víctima logra quedarse en cama, en un puerto seguro.

Siempre cuando aparece un dolor quiere expresar algo. No importa si hablamos de dolores físicos, sicológicos, mentales, emocionales o espirituales, o si duele en el propio organismo o se manifiesta un dolor ajeno a través de nuestra “pantalla” sicológica, emocional.

Enfrentarnos, a la distancia (en redes sociales, televisión, videos, fotos), al dolor de niños, adultos, ancianos, mujeres nos rompe el corazón. No tiene ninguna importancia si sabemos algo o conocemos personalmente a estos seres. Mágicamente nos sentimos unidos y compartimos su dolor.

Entra en vigencia la vieja ley del universo: lo que le pasa a uno, marca a todos.

Tratando de explicar el por qué del dolor, se nos muestra rápidamente la polifunción del mismo. No solamente es una alarma de supervivencia, sino que se muestra como un signo de desequilibrio, de una lesión o angustia mental o emocional que se expresa externamente en los músculos o en los huesos, a un nivel mas profundo, afectándonos en el mismo núcleo del ser.

Los mensajes del dolor

El dolor puede ser una manera de evitar otros problemas como el sentimiento de culpabilidad, o puede ser incluso una forma de autocastigo. Podría ser una primera conexión con la sensibilidad, por cuanto algunas personas se pasan la vida sin sentir realmente nada en su cuerpo.

El dolor nos hace sentir y ser reales, nos pone en contacto inmediato con el suelo. Un dolor recurrente indica que el problema inicial que se hallaba presente cuando se declaró el dolor aún no ha sido resuelto.

La función y la parte del cuerpo donde se manifiesta el dolor subministrará mayor información. Aunque nos consideramos, en general, como personas equilibradas, entre los dos costados del cuerpo existen algunas diferencias muy importantes. Los dos costados del cuerpo representan los dos hemisferios del cerebro, y cada uno es responsable de funciones muy distintas.

Hablando del costado derecho: El costado izquierdo del cerebro controla el costado derecho del cuerpo. Esta parte de nuestro ser, tanto en el hombre como en la mujer, representa la naturaleza masculina: intelectual, agresiva y afirmativa; aquella que se enfrenta con la realidad diaria, con las cuestiones prácticas y las relativas al trabajo: autoridad, lógica y racionalidad.

También se la llama yang. Es la parte del ser que se tiende a utilizar con mayor frecuencia. Refleja la relación con la propia naturaleza masculina, ya sea en el plano interno, en el mundo de las relaciones sociales o respecto a las figuras masculinas presentes en nuestra vida, como el padre, un hijo, el esposo o novio, secuestrador, victimario.

En los hombres, los problemas en esta parte del cuerpo representan un conflicto de competencia o de masculinidad. En las mujeres, este costado suele reflejar conflictos como la dificultad de ser una mujer de carrera e integrar una naturaleza más masculina, más afirmativa dentro del tipo de lo femenino.

Para darles un ejemplo, una mujer que buscaba alivio de un ligero entumecimiento en todo el costado derecho de su cuerpo, una molestia que notaba desde su adolescencia, había deseado siempre vivir como un hombre. Investigando en algo su infancia, se dio cuenta de que había desarrollado aquella parálisis como respuesta al deseo de su padre de que cuando llegara a la adolescencia estudiara para secretaria, cuando lo que ella quería era ser piloto de combate.

Por respeto a su padre reprimió sus respuestas más enérgicas, retirando la sensibilidad en ese aspecto de su personalidad. Eso dio origen a una sensación de frialdad, de rechazo, en aquella parte de su cuerpo que representaba el dinamismo y la agresividad.

Negando esta faceta de su personalidad, la mujer podía hacer sin resentimiento alguno lo que su padre quería que hiciera. Para ella, la sanación del dolor profundo implicaba perdonar a su padre por haberle impuesto sus deseos, desarrollar la confianza en sí misma para hacer lo que realmente quería hacer, por su propio bien, y auto perdonarse por haber reprimido sus sentimientos. Significaba devolverle a la vida la parte de su ser reprimida y no reconocida.

El dolor nos hace sentir y ser reales, nos pone en contacto inmediato con el suelo.

Hablando del costado izquierdo: El costado derecho del cerebro se enlaza con el costado izquierdo del cuerpo y representa el principio femenino o yin. Aquí encontramos el carácter creativo y artístico , con cualidades como la finura, la receptividad, la irracionalidad y la intuición: el mundo interno. Es el costado con el que muchas personas han perdido el contacto o no saben cómo expresarlo. Representa la relación con la naturaleza femenina, tanto en nuestro interior como con los demás.

En un hombre, los problemas físicos en el costado izquierdo indican un conflicto a la hora de expresar sus cualidades para el cuidado y la protección, su capacidad para llorar o consolar. Revelan también dificultades para recibir, sobre todo amor incondicional o manifestaciones emocionales.

En la mujer, puede indicar confusión a la hora de expresar su feminidad, o conflicto por el hecho de ser mujer y satisfacer las expectativas de cómo debería ser una mujer. En ambos sexos hacen referencia directa a las relaciones, por ejemplo con la madre, una hija, la esposa o la novia, secuestradora y victimaria.

Hay dolores mas frecuentes, que ya parecen parte vital de las personas, como por ejemplo el dolor de cabeza. Pero las razones para un dolor de cabeza no salen de la misma raíz. Llamado también el “grito silencio de la mente agobiada”, el dolor de cabeza puede atribuirse a un fajo de causas:

1.- El estrés y la tensión. Cuando nos volvemos ansiosos presionan en gran medida y provocan tensión. Esto se da sobre todo cuando nos esforzamos demasiado en el plano mental por conseguir algo, o nos obsesionamos por progresar.

2.-La supresión de pensamientos y sentimientos, tal vez porque creemos que son inapropiados o inaceptables, o porque nos falta el valor para expresarlos. Quedan encerrados en el interior sin hallar un sitio donde ir. El dolor de cabeza es el efecto reflejo de emociones negativas como la preocupación o la ira, que provoca la dilatación de la sangre.

3.-Una sensación de inseguridad, fracaso o desagrado de sí mismo, que da lugar a una critica o cuestionamiento que no deseamos oír. Nos sentimos encerrados y atrapados dentro de nuestra cabeza, y no nos gusta lo que encontramos allí.

4.- Pueden influir también causas derivadas de otras partes del cuerpo como una infección o estreñimiento, o bien podemos sentir una separación entre cuerpo y mente.

En todos los casos la relajación profunda y la comprensión de lo que está pasando contribuirán a resolver el problema.

Queda para terminar hablar de un dolor muy particular, sentido por un chamán, que me contó de un dolor elegante que siempre le acompañaba viendo una espectacular puesta de sol, un ser naciendo, niños jugando o parejas enamoradas. El mismo chamán que declaró que él quiere morirse bien sanito.