HomePortadaCarla Pérez: sonreírle al miedo. (Y subir el K2 y el Everest en el mismo año)

Carla Pérez: sonreírle al miedo. (Y subir el K2 y el Everest en el mismo año)

Relajada y satisfecha, Carla Pérez se sienta momentáneamente en la cima, para mirar hacia abajo y detenerse en los detalles de uno de los mejores momentos de su carrera.

Foto: Soledad Rosales. Asistente de foto: Iván Recuenco.

Carla llega tarde a nuestra entrevista. Para mí esto no tiene la menor importancia. Si me preguntan, ella tiene el derecho de tardarse cuanto tiempo desee, haciendo lo que sea que ella desee. Se lo ha ganado. Se lo merece. Para Carla, sin embargo, el retraso sí tiene importancia, por supuesto. “¡¡Perdóname!” dice “¡Estaba entrenando y no me di cuenta de la hora!”. Puedo, perfectamente, imaginarla embebida en cada gesto de escalada, en la pared de La Vicentina, en donde me comentó que estaría antes de encontrarnos: “Ahora estoy haciendo más escalada y me encanta”, me cuenta después. Pero antes hace un gesto de sincera vergüenza y se disculpa, nuevamente. Le ofrezco algo de beber. Me acepta un vaso de agua. Traigo una jarra completa.

Carla sonríe con todo el rostro, con total libertad; su alegría natural se desborda por toda la cara, empujando sus ojos y contrayéndolos. Carla se presenta de forma simple -no lo es-, el pelo recogido en una cola práctica y cómoda, ropa deportiva, una mochila. “Mi novio va a venir en un rato a recoger algo” me cuenta espontánea. Me siento cómoda con ella y le confieso que, mientras esperaba, usé mucho el teléfono y ahora está descargado. “Yo tengo un cargador” asegura y, sin dudarlo, extiende su mano; conecto mi teléfono utilizando su cuadrado y mi cable, entonces la entrevista empieza oficialmente.

Para el fan promedio, Carla es un enigma: una heroína que se confunde entre la gente “común y corriente” aunque nadie entiende por qué. “Una vez, cuando recién había subido el Everest sin oxígeno, iba en la Ecovía y un señor me queda viendo y me dice: ¿Oiga, usted no es la montañista que subió el Everest?. Y yo, feliz de ser reconocida, le digo: ¡Sí, yo mismo soy! ¿Y qué hace en la Ecovía? me responde” relata. Y es que es casi inconcebible que una persona que ha logrado hazañas tan grandes como ella no sea tratada como la realeza deportiva que es, y que, además, se muestre tan espontánea y “normal”.  Lo cierto es que Carla es una mujer extraordinaria que ha sido capaz de llevar a cabo un arduo trabajo de síntesis interna y, aunque su esencia está conformada por una mezcla compleja de voluntad de acero, talento e inteligencia, ella consigue traducirla al resto con humildad y sencillez, para que todo el mundo la pueda entender. Carla es poderosa y auténtica y esa mezcla es fascinante. Pero, sin duda, su mayor atributo es que, como atleta, no le tiene miedo al miedo, lo cual la hace, definitivamente invencible: “Yo no soy una gran atleta. Pregúntale a mi deportólogo. Pregunta a cualquiera. Nadie te va a decir que tengo grandes atributos físicos. No soy como el Karl, o como el Zukito. Pero sí tengo una gran fuerza de voluntad y persistencia” analiza.

Carla en la parte más riesgosa del k12

¿Que no te dejan entrar? ¡Crea tu propio club de andinismo!

Como mujer en el deporte, Carla se ha tenido que enfrentar a varios retos para poder sobresalir y sacar adelante su carrera como montañista. Cuando estaba en el colegio, tuvo la intención de entrar en el Club de Andinismo del Colegio San Gabriel; pero, claro, como era un club únicamente de varones, no fue admitida. “Recuerdo que llegué a mi casa decepcionada y se lo conté a mi madre y me dijo, relajada: ¿Qué te importa? ¡Haz tu propio club! Y, claro, no era que yo podía hacer mi propio club, así nada más. Y no lo hice. Pero esa respuesta me dio la pauta de que, si no podía entrar al club al que quería entrar en un principio, tenía que buscar otras alternativas para hacer lo que me gustaba. Y así fue: eventualmente, entré en el club de andinismo de la Politécnica y no me di por vencida. Definitivamente, si hay una mujer fuerte que me enseñó a serlo también, es mi madre. Ella no ha sido una atleta, pero sí iba a su gimnasio, el cual era siempre sagrado. Pero, sobre todo, mi madre ha sido una mujer que siempre se ha puesto a ella misma como prioridad. Siempre ha hecho lo que ha querido. Trabajó en una época en la que pocas mujeres lo hacía. Y no aceptaba un no por respuesta. Me enseñó, así, a hacer lo mismo, a saber, que, como mujer, aunque iba a encontrar obstáculos, yo sería capaz de hacer lo que quisiera” recuerda Carla.

El lujo o el deporte

Esa convicción de que siempre tendría derecho y sería capaz de hacer lo que se le antojara acompañó a Carla hasta la adultez y le permitió sobresalir en todos los campos en los que se involucró, sin temerle jamás al fracaso, a las dificultades o al rechazo. Carla no se dedica al deporte porque esta es su única opción. La elección de subir montañas ha sido para ella el resultado de una decisión completamente consciente y se hizo extremadamente clara el momento en el que se enfrentó a una gran encrucijada: “Yo me había graduado de la Unversidad de Grenoble. Había recibido una beca para terminar un doctorado en Bioquímica y Genética, y cuando terminé, ya tenía una gran propuesta de trabajo en una petrolera. Cuando me hicieron la oferta, me emocioné muchísimo. Delante de mí tenía un futuro brillante y, económicamente, muy cómodo. Avanzamos en las negociaciones y lo único que faltaba para cerrar el trato era mi firma. Estuve a punto de aceptar la propuesta. Sin embargo, empecé a reflexionar y a pensar en los sacrificios que supondría aceptar ese trabajo y la montaña se veía como algo que, definitivamente, tendría que dejar. No fui capaz y decidí tomar el riesgo de dedicarme a eso” recuerda y asegura que fue, esta vez, su padre, quien le dio el impulso para seguir adelante con un sueño que parecía descabellado, pero que era lo que su corazón le pedía.

“Si hay una mujer fuerte que me enseñó a serlo también, es mi madre. Ella siempre se ha puesto a sí misma como prioridad. Siempre ha hecho lo que ha querido. Y no aceptaba un no por respuesta. Me enseñó, así, a hacer lo mismo, a saber, que, como mujer, aunque iba a encontrar obstáculos, yo sería capaz de hacer lo que quisiera” recuerda Carla. 

La primera en muchas cimas

En el mundo existen alrededor de 10000 personas que han logrado subir el Everest con oxígeno; solo 8 mujeres en el mundo que lo han hecho sin oxígeno (Carla fue la primera latinoamericana en lograrlo) y solo tres mujeres, aparte de Carla, que han subido el K2 de manera exitosa sin oxígeno (Carla es también la primera latinoamericana en lograrlo).  Al subir el K2 sin oxígeno este año, Carla, se convierte en la primera mujer en el mundo en subir el K2 y el Everest en el mismo año y en apenas la cuarta en lograr subir las dos cumbres sin oxígeno. Carla ha sido, además, la primera latinoamericana en conquistar la Pared Sur del Aconcagua (2009). Sin embargo, aunque resulte sorprendente, Carla jamás se planteó ser la primera latinoamericana y la primera ecuatoriana en llegar tan lejos. “Cuando yo me propuse hacer estos retos, subir el Everest, subir el K2, no sabía que yo me convertiría en la primera mujer latinoamericana en lograrlo. Eso me lo dijo la persona que te entrevista en el Himalaya. Te hacen una entrevista previa y post expedición desde el Ministerio del Turismo. Al yo intentar la primera vez, me dijo: uy, casi te conviertes en la primera mujer latinoamericana en lograr subir al Everest sin oxígeno. De hecho, solo hay cinco. Pero yo no sabía eso. Yo solo quería ir y cumplir mi sueño. Una vez que lo supimos sí fue algo que nos sirvió para conseguir auspicios. Pero nunca ha sido mi motivación profunda. Yo creo que es muy difícil llegar a lograr algo tan duro, físicamente, con la única motivación de ser la primera en algo. El sufrimiento físico es tal que tiene que venir del intestino. Convertirme en la primera, solo fue un plus y es algo de lo que tomo conciencia, por ejemplo, cuando hago una charla motivacional. Cuando la gente lo escucha, hay una especie de inspiración y eso es súper lindo, porque ellas me ven y dicen: es chiquita, no es nada extraordinaria. La gente, entonces, se da cuenta de que solo es cuestión de lanzarse y que todos podemos lograr cosas. En ese momento te das cuenta de que la trascendencia de esos logros solo está en la capacidad de poder llegar a otras personas” reflexiona.

Everest 2019 (con oxígeno)

La maldición de las mujeres en el K2

Carla me explica que hasta el 2004 se hablaba de la “maldición de las mujeres en el K2” porque hasta esa fecha muchas de las mujeres que subieron, murieron al descenso. Según la leyenda, el K2 tenía una maldición para las mujeres. La primera mujer que hizo cumbre del K2 sin oxígeno fue Wanda Rutkievicz de Polonia en 1986. Después de eso, la leyenda decía que el K2 tenía reservada una maldición para las mujeres, pues las cinco que lo intentaron después de ella murieron (3 de ellas durante el descenso y 2 poco tiempo después de subir esta montaña. “No subían muchas, obviamente. La mayoría eran, justamente, montañistas que subían sin oxígeno. Pero muchas morían en el descenso, por diferentes causas, o poco tiempo después de subir. Por eso la gente decía: es el K2 que no quiere a las mujeres. Fue Edurne Pasaban, quien rompió la maldición al subir exitosamente el K2 en el 2004. Después de ella, empezaron a subir más mujeres” dice Carla.

2019: un año brillante

“Este ha sido un gran año. Obviamente, cuando logré subir el Everest sin oxígeno fue un gran momento, porque realmente me costó un montón y era mi segundo intento. Ahora tengo el apoyo de Eddie Bauer, pero en ese momento fue durísimo encontrar financiamiento y era el segundo intento. Yo misma decía: ¡Me voy con todo! Pero en el fondo de mi corazón decía: ¿Y si no puedo? ¿Y si otra vez fracaso? Entonces, tenía muchísimo miedo. Pero el haber ido, el haber intentado, me liberó un montón, porque dije: ya, lo di todo. Pero este año ha sido increíble en muchos aspectos: profesionalmente, el hecho de poder ir a guiar ahora al Everest, el haberme lanzado a esta formación de Guía Internacional, que durante muchos años me daba, también mucho miedo, y también el hecho de coronar el K2 que fue, inclusive, casi una quimera. Porque, tú sabes, cuando una sueña dice: sí, sí es posible. Pero yo pensaba: chuta, si el Everest, me costó tanto, el K2, que es más difícil… sabía en las propias palabras del Iván (Vallejo) que es súper peligroso, que el casi se pierde en una tormenta, muchos amigos que se han congelado, que han perdido sus dedos, que han muerto sus compañeros, o sea… el hecho de solamente ir al K2 y que la montaña nos haya tratado tan bien y que todo haya salido como salió, yo súper agradecida con la montaña, sí puedo decir que este ha sido un año bien chévere, aunque ha habido años en los que no he hecho 8000 que han sido bien lindos” reflexiona. 

Sin temor a nada

Subir una montaña como el Everest sin oxígeno es una experiencia que está plagada de sensaciones extremas: “Para empezar, sientes que estás siempre en ese limbo, previo a desmayarte. Sientes que vas y no te vas, todo el tiempo. Sientes un ahogo total, todo el tiempo, como cuando te pegas un pique para coger el bus. Esa misma sensación, pero durante horas y horas. Cuando estás en reposo, sientes como que estás trotando suavemente. Las pulsaciones se duplican o triplican. Por otro lado, al no haber oxígeno, fabricas más glóbulos rojos y los glóbulos rojos son células súper grandes que hacen súper densa a la sangre. Se hace tan densa que no puede circular bien y se te empiezan a congelar las manos, la nariz, todo. Y, además, la falta de oxígeno al cerebro genera una sensación conocida como ataxia, que es una especie de mareo, como cuando estás medio chumado y tratas de meter las llaves en la puerta y no puedes. Sientes un sueño infinito. Sientes mil veces eso que sientes cuando estás en una clase aburrida. Como cuando el profe habla y solo se te quieren cerrar los ojos… Así. Sientes sueño y sientes que no puedes. Quieres sentarte y dormirte, pero si te duermes, te quedas inconsciente y te puedes morir. Entonces, es todo el tiempo una lucha. Es raro, porque yo digo: para qué hacemos esto. Pero estar ahí es hermoso; la vista… lo que ves lo que sientes, inclusive, ya no hay sonido, . Es como cuando ves esas tomas del espacio y no se escucha nada, es como que el sonido se absorbe, es rarísimo y lo otro es que cuando llegas a la cima, estás muy despierto, eres muy perceptivo. Yo nunca he tomado drogas fuertes, pero cuando la gente habla de eso, siento que se parece. Sientes las cosas de manera diferente. Estás en un trance” dice y sus ojos brillan cuando piensa en eso. ¿Cómo sortear tantas dificultades? “Ahí juega mucho la fuerza de voluntad. Y, además, yo creo mucho en la energía, en la metafísica, y cuando yo subía el Everest, yo sentía mucho el amor de la gente. Había muchas personas que sabían que estaba subiendo, personas que hacían misas por mí y, además, me había enterado de gente que había perdido todo en el terremoto de Manabí y eso me dio mucha fuerza. Me decía: tengo que llegar” dice Carla, cuando recuerda su segundo y exitoso ascenso al Everest sin oxígeno.

Y así, movida casi exclusivamente por la fuerza de voluntad, el amor y una mente a prueba de todo, Carla Pérez conquistó este año al Everest y al K2 con apenas un mes de diferencia entre ambos, probándonos una vez más, que todo lo que se sueña se puede alcanzar, si se es lo suficientemente valiente y persistente.

2016: su cima en el Everest, sin oxígeno