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La montañista puruhá que hace historia

A sus 15 años, Daniela Calapiña es considerada la mujer más joven en coronar el Chimborazo. Ella sueña con llegar a la cumbre del Aconcagua y algún día a la del Everest.

 

 

Daniela Calapiña es silenciosa como la montaña, pero en sus ojos vibra una mirada activa y juguetona. La niña que exploraba el taita ‘Chimborazo’ desde que aprendió a caminar sigue habitando en la adolescente pequeña y delgada, que se va construyendo a paso firme como una montañista profesional.

Ella es indígena, nació y vive en la comunidad de Pulingui, nombre puruhá que significa “rojo guerrero”. Su casa está literalmente muy cerca del Chimborazo, a sus faldas, a una altura de 3280 metros sobre el nivel del mar. La altura es su estado natural.

En Pulingui, las personas siguen hablando la lengua nativa, el quichua. Se dedican a la agricultura y la ganadería. Las mujeres elaboran artesanías con la fibra procesada del borrego y la alpaca para ayudar en sus hogares. Los más jóvenes se han profesionalizado y hay otros como Daniela, que han escogido un camino que aún no es aceptado entre la comunidad, hacer deporte extremo: montañismo, escalada y trail. Si fue difícil para su padre, Manuel Calapiña, guía de montaña, para ella, joven y mujer, lo es mucho más. Pero su familia la apoya.
“Mi padre dice que mucha gente nos considera ‘locos’, pero gracias a Dios ahora somos dos practicando lo que nos gusta. Pienso que en un futuro puedo sumar muchos ‘locos’ para desarrollar el deporte en nuestra comunidad, donde existe talentos ocultos”.

Pablo Chiquiza, Daniela Calapiña y Manuel Calapiña

Pablo Chiquiza, Daniela Calapiña y Manuel Calapiña

El 17 de septiembre de 2016, Daniela hizo historia: se convirtió en la mujer más joven en coronar el Chimborazo de 6268 metros, la montaña más alta del Ecuador y el punto más alejado del centro de la tierra. Lo hizo con el apoyo de sus compañeros de fórmula, su padre Manuel, Pablo Chiquiza y Maritza Gómez. Ese día la montaña de sus sueños la recibió en calma, con una noche de luna llena, buena nieve y poco frío. Después de más de siete horas de ascenso, a las 7:10 a.m., llegaron a la cumbre que los cobijó con sol y una vista única de los volcanes andinos. Esa cima fue dedicada para su madre, una mujer puruhá.

Hasta hoy tiene dos cumbres en el Chimborazo y ha hecho ascensos por diferentes rutas: la del Corredor, la del glaciar Stuvel y por la arista Guarguallá.
Hay enseñanzas indígenas que guían el camino de Daniela: ‘Ama llulla’, no ser mentiroso. Ama Shuhua, no ser ladrón. Ama quilla, no ser ocioso. Y el respeto a la Pacha Mama y a todo lo que habita en ella: lagunas, ríos, montañas, plantas, animales. “Todo debe permanecer en equilibrio”.
Ese equilibrio parece ser algo innato en ella. Cuando habla de la montaña es imposible que no se le marque la sonrisa. Tal es la comunicación con su entorno, que Daniela se ha convertido en una corredora innata de trail con seis carreras locales en las que ha conseguido podio, participando en categoría abierta de 19 a 29 años.

A inicios de este año, Daniela se unió al proyecto “Ecuador más cerca del sol”, con deportistas de alto rendimiento como Cristian Criollo, Pablo Chiquiza, Nicolás Miranda, Romel Sandoval, Manuel Calapiña y el deportólogo Mario Ochoa. Los objetivos fueron apoyar, por un lado, a Nicolás Miranda para batir un récord mundial en el Aconcagua, en Perú y, por otro, lograr que Daniela se convirtiera en la mujer latinoamericana más joven en coronar el coloso. Sin embargo, problemas de aclimatación le impidieron seguir a las 4 horas de ascenso. Lloró, pero el sueño tan solo se postergó hasta el 2018.

“En estos años he aprendido que no es cuestión de salir volando para alcanzar nuestros sueños, hay que trabajar mucho e ir despacio. No solo cuenta la voluntad, también los recursos. Mi mensaje para los jóvenes de mi generación es que se puede hacer algo saludable y diferente a lo que vivimos a diario. Mi sueño es dejar en alto el nombre del país, teniendo como ejemplos a grandes deportistas como Iván Vallejo, Carla Pérez, Juliana García, Karl Egloff y Nicolás Miranda”.
Daniela Calapiña es silenciosa como la montaña, pero en sus ojos vibra una mirada activa y juguetona, que un día espera ver el mundo desde las cimas de dos grandes anhelos, el Aconcagua y el Everest. Seguiremos sus pasos.

Fotos: Soledad Rosales.