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La relación del dinero CON EL NÚMERO 2

¿Qué papel juega el dinero en tu vida? El equilibrio radica en entender su polaridad: deseable- indeseable, sin traspasar ningún extremo, que generalmente se torna mal oliente.

Por: Antonia Schmidt-Kakabadse

Phd, Dr.Sc. en medicina holística

Qué título más sugestivo! ¿Verdad? O ¡qué asco! El dinero es sucio y el número 2 también. ¿O no?

Por lo menos esa es la temprana instrucción en la mayoría de las culturas del mundo. Si un niño en su fase anal se embarra con su cálida y fresca caquita, feliz y muy creativo, se ve muy pronto frente a una de las primeras lecciones de la vida: que algo que sale de su organismo es sucio, asqueroso. No hay que tocarlo, el riesgo es enfermar. Y cuidado con los pedos, los que anuncian la venida de lo deseable-indeseable. Mejor no hablar al respecto.

El niño crece un poco más y se enfrenta con la segunda lección lógica-ilógica de su vida. Un día se le encuentra jugando, feliz y muy creativo, con dinero que ha encontrado por ahí. Monedas y billetes. Justo un día después de haber recibido el mensaje de que en el mercado debes pagar antes de comer cualquier cosa. El niño lo había hecho porque sentía ganas. Y se le dijo que el dinero es bueno y que se necesita para todo. Sin dinero no se consigue nada, ni un chupete. Ahora, que le trincaron jugando con esta maravilla, oye el grito: “¡No toques!, la plata es sucia, te enferma”.

No se habla sobre la plata, deseable-indeseable.

Desde tiempos inmemorables se oyen historias que ponen como iguales al dinero y a los excrementos. Los cuentos de hadas hablan de asnos que escupen y cagan monedas de oro, gallinas y gansos que ponen huevos de oro y los famosos cagaducatos, que lo cagan y lo escupen todo, pero el mundo entero los quiere tener.

Naturalmente, cambia la situación de un extremo al otro. Si por magia o engaño diabólico ya no depositan oro, sino mal olientes excrementos.

En la Babilonia antigua, donde se inventó el banco, se describía al oro como la caca del infierno. Los habitantes del Pacífico Sur, cuyo dinero fue la concha spondylus, hablaron de ella como la “excreción del mar” o  “la mierda marina”.

La ley de la polaridad

Pisar caca fresca de perro o que algún pájaro nos adorne la cabeza con su excremento es absolutamente tolerable, por que significa, sin duda alguna, que se acerca una bendición económica. En los libros de los sueños se puede leer que soñar con mierda promete mucho dinero y riqueza.

Entonces, el dinero es como mierda, pero no apesta. La mierda apesta, pero atrae el dinero. La ley de la polaridad desde otro ángulo.

Hace algún tiempo, un domingo, me llamó seguridad a avisarme que violaron la puerta de mi oficina. Me fui a ver y encontré algo que me dejó con una gran incógnita: encima de mi escritorio había un montoncito de número 2 y 3. Apto para hacer un coproparasitario. La explicación que me dio más tarde un policía fue: “doctora, hay una costumbre entre los ladrones. Si han podido llevarse algo de valor, dejan atrás una centinela, una montañita de excrementos, en el lugar del hurto como compensación por el dinero sustraído”.

La diarrea o número 3 también se llama “lluvia de oro”. Al ano, “la mina de oro”. Las hemorroides,  “filones de oro”; y  hace poco, cuando me dijo alguien que se iba a cobrar un cheque y se internó en el baño, el cobro era el número 2.

En el mundo banquero, muy internamente, se habla de un cliente necesitado con el apelativo de estreñido. Con disponibilidad de dinero y por tanto de liquidez, tiene la posibilidad de invertir y ser apestosamente rico.

Incluso, ni las diferentes monedas del mundo se escapan de la polaridad. Hay monedas fuertes, débiles o flojas. Tal cual como las evacuaciones.

Hay una costumbre que considera el comer como una especie de inversión y la digestión como un volumen de ventas, en el sentido de que se hace crecer el patrimonio o el cuerpo. La medicina habla del metabolismo basal: un colchón que crece es sinónimo de ganancias.

Tres personalidades

El estreñimiento o contención de heces corresponde en el plano económico con el ahorro y la codicia. Las personas que tienen una fijación en esta fase se resisten a botar cosas. Coleccionan todo, independientemente de su valor real o sentimental. Consideran los productos de su digestión, los excrementos, como una propiedad adquirida. Son sus dueños y por eso solo se desprenden de ellos de mala gana. Socialmente, se trata de personas cerradas, con un comportamiento muy organizado. A menudo son gente acomodada, con un domicilio fijo, unos ingresos y unos hábitos de evacuación estables.

La evacuación o la eliminación de los excrementos corresponde en lo económico con gastar dinero, vender y producir.

Comparamos tres tipos de personas:

  1. El uno considera cada evacuación con tener que pagar un cheque, es decir, pierde bienes y negocios. Su visión del mundo es pesimista.
  2. El otro experimenta con cada evacuación alegría y un sentimiento de liberación. Le parece un gran beneficio. Cada evacuación es un gran logro creativo, un gran negocio, una lluvia de oro. Son grandes optimistas, creativos y muy productivos.
  3. El tercer tipo es de los que piensa que la gente con dinero no habla de este, ni de la evacuación. Se lo tiene, se hace y basta. Según Ernest Bornemann, en el psicoanálisis del dinero, las transacciones económicas abstractas, que únicamente se hacen visibles en el monitor del computador de la bolsa, son tan tentadoras como la idea de hacer defecaciones lo más limpias y estéticas posibles. Uno no quiere andar ensuciándose las manos. Así que del mismo modo que en los asuntos financieros, prefieren hablar del toilet higiénico totalmente automatizado: un solo botón termina con el asunto y una funda protectora de plástico nueva sobre la taza del inodoro asegura la higiene.

No es extraño por tanto, que de ello surjan oscilaciones entre un desmedido despilfarro económico ( lo que puede reflejarse en una diarrea ) y una extrema austeridad (estreñimiento).

 

Unas palabras más sobre la ley de la polaridad:

  • Siempre y ante todo  vale la pena tener puesta la vista en el polo opuesto. Lo que puede parecer bueno puede acabar en algo malo.
  •  Lo contrario de bueno no es malo, sino bienintencionado. Porque lo bienintencionado a menudo se torna en malo (Bert Brecht).
  • Tener demasiado y demasiado de aquello que te gusta te llevará a lo que no te gusta. Esto se aplica a la comida y el tiempo, pero también al dinero.

¡Dale la bienvenida a la ley de la polaridad!