HomeCuerpo y menteDel relajo a la relajación y a la meditación, segunda parte

Del relajo a la relajación y a la meditación, segunda parte

Relajarte y meditar te abre la puerta de la sanación. ¿Cómo? Descrúbelo en este artículo.

Por: Antonia Schmidt- Kakabadse. Phd, Dr. Sc. en medicina alternativa y complementaria.

Parte de nuestra vida diaria es chequear los mensajes que entran a través de las redes, definitivamente una fuente inagotable de información. Muchos van como el florón, de mano a mano, sin dejar rastro de su origen, pero de vez en cuando salta algo que parece es solo para ti. Llega en el momento correcto y lo compartes. Algo así me pasó buscando material para este artículo. Entonces comparto con ustedes lo siguiente:

¨Me ama, no me ama o las flores y los problemas¨

Un niño ayudaba todos los días a su madre en el jardín de su casa, para cultivar de mejor manera frutas, vegetales, flores y hierbas aromáticas.

Una mañana el niño notó a su madre con mucha preocupación y le preguntó cuál era la razón. La madre le explicó que tenía muchos problemas en diferentes aspectos de la vida, y el solo hecho de pensarlos le hacia sentirse muy incomoda. El niño se quedó pensando y le dijo: “Mamá, por cada problema que tengas en tu vida, yo quisiera que arrancaras los pétalos de una de estas flores. Una profesora nos explicó que esa era una buena solución”.

La madre, y aunque realmente creyó que se trataba de un juego, decidió seguirlo. Cada vez que pensaba en una dificultad, ella arrancó un pétalo de una flor. Luego llamó a su hijo para avisarle que ya había terminado su labor.

El niño se sorprendió al ver que su madre había dañado casi todas las flores. “Realmente tiene problemas”, pensó y le dijo a su madre, mientras caminaban alrededor del jardín: “mamá, ves lo que hay aquí. Sí, las flores quedaron en nada, realmente ya no son flores, no tienen gracia, no tienen sentido”.

El niño se acercó y le dijo: “la profesora nos dijo que así es la vida, si le quitas todos los problemas, seria como deshojar una flor, quedería sin color y sin forma, en verdad aburrida y simple”.

Si no tienes retos que superar, si no tienes proyectos de vida, estarías viviendo por vivir y eso es ciertamente muy aburrido.

¿SOBRE QUÉ SE DEBERÍA MEDITAR?

Primero determinar qué es para ti un problema. Tal vez solo es una situación confusa o ignoras algo importante para solucionarlo.

¿Es realmente un problema tuyo, o es de otros y tú no estás involucrado en sí, pero te preocupas, perdiendo así tu energía?

¿Es un problema para ti solo o alguien más es necesario para solucionarlo?

¿Se te ocurre algo más para incluir en tu meditación?

MEDITACIÓN PARA SOLUCIONAR PROBLEMAS

“¿Meditación? ¿cómo la hago? ¡tiene que ser muy difícil! ¡No tengo tiempo para eso, se me hace raro!”. Y así algunos pensamientos más pasan normalmente por la mente de los que reciben una invitación para probar cómo se pude solucionar problemas a través de la meditación.

Meditar es parte de la naturaleza del ser humano, es algo muy nuestro, buscado, pero también temido. Temido por el miedo, sin fundamento, de que salen cosas que no se quieren saber. Por eso voy a enseñarte ahora el primer paso, desde mi punto de vista el más importante, para perder el miedo.

Comenzamos con una visualización curativa interior.

INSTRUCCIONES

Lo mejor es seguir las instrucciones las primeras veces, que una persona de confianza las lea y te vaya orientando. Deberían leerse lentamente, dejando espacio de tiempo entre una instrucción y otra, de modo que una sesión completa dure más o menos unos treinta minutos.

Puedes realizar la meditación solo o en grupo. Antes de comenzar prepara un sitio donde te puedas acostar cómodamente, en una ambiente cálido, con una almohada delgada debajo de la cabeza y una cobija para cubrirte. También con una hoja de papel y un lápiz a tu lado.

Acuéstate, pon la almohada bajo la cabeza y cúbrete con la cobija. Los brazos deben estar extendidos a ambos lados, con las palmas de las manos hacia arriba. Los pies, ligeramente separados. Los ojos, cerrados.

Esta es una visualización dirigida que permite el contacto y la comunicación con el propio cuerpo desde el interior. Paciencia, no siempre es fácil lograrlo. Si estás enfermo, tienes dolor o experimentas alguna molestia, utiliza esta práctica como un viaje por tu interior, para averiguar qué te pide esa parte del cuerpo y descubrir qué hacer para restituir su salud.

Sin embargo, puede ser que al principio el cuerpo se muestre tímido o reacio a hablarte. El cuerpo expresa las pautas inconscientes y puede existir un cierto recelo cuando declaras el deseo de trasladarlas a la mente consciente. Si perseveras, comprobarás cómo se abre la comunicación y serás capaz de comprender tu ser, y aquello que te sucede, con mayor intensidad.

Durante la práctica debes dejar que las respuestas a las preguntas emanen en forma espontánea. El cuerpo puede recurrir al lenguaje del inconsciente para transmitir un mensaje, por lo que debes aceptar cualquier imagen que se presente aún cuando no la comprendas en primera instancia.

INICIA

Ahora inspira profundamente y saca el aire por la boca. Aspira profundamente y repite la operación. Expulsa el aire por la boca. Empieza a relajarte. Empieza a hundirte en el suelo, te sientes pesado y tranquilo.

Centra tu atención en los pies y empieza a trabajar hacia arriba, desde los pies y a través de las piernas, cualquier indicio de tensión que encuentres. Toma aire, dirígelo hacia el punto tenso y libéralo. Relájate.

Sube por la pelvis, por la región inferior, media y superior de la espalda, dirige la respiración hacia la tensión y suéltala.

Recorre ahora el abdomen y el pecho. Relájate profundamente, aspira y suelta el aire.

Desde las manos asciende por los brazos, los hombros y el cuello. Respira y relájate.

Relaja ahora todos los músculos faciales y la cabeza. Inspira profundamente y expulsa todo el aire. Te sientes completamente relajado y tranquilo.

Céntrate en tu respiración, mientras el aire entra y sale. Cuenta hacia atrás al final de cada respiración, empezando desde diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero.

Imagínate ahora que te vuelves muy pequeño y puedes entrar y pasear por el interior de tu propio cuerpo. Busca la zona adolorida, sufrida, infeliz, que necesita curación. En cuanto llegues allí, empieza a investigar la estructura concreta del tejido, así como el entorno. ¿Qué forma presenta esta zona? ¿redonda, larga, delgada?¿qué tamaño tiene? ¿cómo es al tacto? ¿cuál es su textura? ¿suave, esponjosa, dura, elástica?¿qué temperatura tiene? ¿qué edad tiene la zona? ¿ha sido así por mucho tiempo o es reciente?

Deja que las imágenes de esa zona y del tejido circundante emerjan libremente y lo más importante pregúntate: ¿se siente seguro ahí adentro? Puedes marcharte cuando quieras, o seguir viajando por tu cuerpo.

Confía en tu propio instinto para saber qué debes hacer. Cuando te dispones a irte, acepta lo ocurrido, expresando las gracias, prometiendo actuar de la forma que se te ha pedido, y efectuando los preparativos para regresar en una próxima ocasión. Esto es muy importante.

Abandona lentamente el interior de tu cuerpo y aumenta hasta tu tamaño normal. Respira profundamente. Si quieres anota lo ocurrido.

Puedes repetir esta meditación a menudo para desarrollar una comunicación abierta con lo que acontece en tu interior, y aprender así a liberarte de aquello que te oprime.