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Molly Guarderas, bordeando el Huayhuash en Perú

Fotos: cortesía Molly Guarderas. Extractos del relato de Molly Guarderas en su página www.5ingle.wordpress.com

Molly Guarderas sigue desafiando en solitario a montañas de América del Sur, recorriéndolas en 360 grados. Después del Chimborazo de 37 kms fue por la cordillera del Huayhuash en Perú, un trekking de 140 kms, con un juego de altura extremo, que se realiza, normalmente, en 10 o 12 días y ella lo hizo en apenas 48 horas. Su siguiente proyecto, el Aconcagua.

Molly es la primera mujer en bordear el Huayhuash en una sola jornada y en solitario.

La Cordillera Huayhuash está ubicada en los Andes del Perú. Es la segunda cadena montañosa más alta del mundo en la región tropical. En su contorno, hay un trekking que está entre los 10 más lindos del mundo. Los aventureros van seducidos por su estética y su desafiante altura. Las caminatas se extienden entre nevados enormes, secciones de senderos técnicos y lagunas color turquesa.

Molly Guarderas, con la bandera de su proyecto 5ingle (recorrer 5 montañas de América del Sur en 360 grados), no fue la excepción. Quería desafiarse a cruzar los 140 kms del recorrido con varios pasos de altura, el más alto a 5200 msnm.

Su travesía comenzó en un pueblito llamado Llamac, donde los foráneos hablaban, pocos días antes de la partida de Molly, de la ‘barbaridad’ que quería hacer esta turista ecuatoriana a la que no le daban ni 20 años de edad y ni siquiera conocía el terreno.

Hasta ahora, ninguna mujer se había atrevido a darle la vuelta corriendo  al Huayhuash en una sola jornada. Existe el antecedente de dos hombres que cumplieron la misma hazaña pero sin registro exacto de tiempo. Un trekking, que normalmente toma entre 10 a 12 días, se conquistó en 48 horas.

¿Cómo es este trekking?

La ruta que da la vuelta al Huayhuash es de senderos de tierra y piedra, con muchísima altura. ¡Muy pintoresca! Para preparar el recorrido  estudié un mapa que me dieron y le di mucho tiempo a la gente de la zona que me contaba detallitos del lugar. Toda la aclimatación la hice previamente en Ecuador como parte de mis entrenamientos, así que eso no fue algo de lo que tuve que preocuparme allá. Esta fue mi primera vez en el Huayhuash y la ruta era totalmente nueva para mí.

¿Cuáles fueron los principales desafíos de estos 140 kms?

El principal desafío fue la diferencia de altura, ya que subía a 5000 y bajaba como hasta 4000 metros; luego volvía a subir a 4700 y volvía a bajar, y así sucesivamente. Fue muy duro tener la paciencia para volver a subir todo en cuestas de arena.

También, fui con una excelente linterna de montaña, último modelo, pilas de litio que cuestan más que mis dientes y linterna extra de emergencia. Bajo todas las leyes de la física, mis linternas decidieron morir. Al inicio pensé que yo era la bruta que no lograba ni prender, ni cambiar pilas, pero me di cuenta de que estaba  a menos cuatro grados centígrados de temperatura a 4.800 metros y las pilas decidieron que tenían frío y dejaron de funcionar. No me quedó de otra que caminar en total oscuridad, tropezándome, sin perder la cabeza.

¿Algún momento que te llevó al límite?

Las dos últimas horas que quedaban de oscuridad a 4.800 metros antes de culminar el recorrido. Eran las tres de la madrugada a una temperatura de menos cuatro grados centígrados. Llevaba toda mi ropa puesta, con los pies totalmente mojados y con asma. Esta fue la prueba de fuego para mi mente y mi cuerpo. Intenté dentro de lo posible evitar una hipotermia.

Al final, mi recompensa fue la salida del sol, el momento más glorioso.

¿Cómo te preparaste para esta hazaña?

Entrené tres veces al día, corriendo, fortaleciendo para luego hacer una base aeróbica más grande. Iba dos veces por semana a la  montaña para adaptarme a la altura. También corrí muchísimo sola para acostumbrarme e ir haciendo una rutina para jornadas largas.

¿Cuáles son los riesgos de correr en montaña en solitario?

Los riesgos que enfrentas son muchos o ninguno. Yo creo que pesan la experiencia, las decisiones que tomas y el prepararte para el peor escenario. Esta vez el riesgo más grandes fue la hipotermia, luego pudo ser cualquier mal del corredor: musculatura desgarrada, dolores muy fuertes, torcerse algo… Otro riesgo al que me enfrento es a perderme y también, al estar sola, nunca sabes con que tipo de personas te encuentras.

Psicológicamente solo trato de ir tranquila. Todo el tiempo voy dándome calma. Y si algo pasa, en vez de desesperarme busco la mejor solución, la que me va a sacar del lugar en el que esté en el menor tiempo posible.

Más allá de toda tu experiencia, ¿qué otros detalles cuidas a nivel deportivo para lograr estos viajes extremos?

Cuido mis entrenamientos. Aunque tengo que practicar en mucha altura, no me puedo volver muy lenta, entonces tengo que combinar bien las rutinas. La nutrición es súper importante, dependiendo de la fase del entrenamiento. Practico mucho con el alimento que voy a llevar en las caminatas para ver como me siento, si algo me hace daño o me resulta pesado. La recuperación es súper importante. Me dedicaba un día a la semana a estirar, más o menos, unas dos horas seguidas.

“Cuando tuve que hablar con mi arriera y contarle lo que quería hacer, darle la vuelta corriendo a la cordillera del Huyhuash, su primera reacción fue: ¡es imposible y vas a matar a mi caballo!… Creo que la segunda opción me asustó más!”