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¡Invencibles!

Ser un FINISHER 70.3 no es ser el más fuerte, el más veloz, el más resistente. Ser un FINISHER 70.3 es cultivar un espíritu de acero, con el que vuelas más allá de lo impensable, en el que habita lo extraordinario.

Con el saldo de la tercera edición del IRONMAN 70.3 Ecuador, quisimos recopilar algunas participaciones inspiradoras. Estos atletas, al igual que todos los que se ganaron la medalla de ‘finishers’, nos demuestran que la vida se hizo para romper límites.

Roberto y Gaby Espinosa
Ellos son ¡Fulacolite!

Gaby ama pintar. Se emociona con el solo hecho de imaginarse con un pincel en la mano y frente a un lienzo. Ama tanto esta faceta de su vida que ya ha hecho tres exposiciones. Ha navegado en el mundo de lo abstracto y hoy se concentra en el de los paisajes y las siluetas. Además es diseñadora gráfica. Tiene cuadriplejía.
En cambio, Roberto es fotógrafo, dulce, aventurero. Amante de la naturaleza y de los viajes.
Son hermanos. Él tiene 32 años, ella 27. Ella tiene una sonrisa impactante, él unos ojos profundos.
Juntos fueron los protagonistas de una de las participaciones más memorables del IRONMAN 70.3 Ecuador, bajo el lema “Fulacolite”. Pero esto tiene su historia.
Cuando Gaby nació, la cesárea no salió del todo bien, unos segundos sin oxígeno le provocaron una cuadriplejia espástica, con daño en la motricidad fina. Su madre, Patricia Fernández, cuenta que le dificultó el habla, pero que nunca le impidió comunicarse, de hecho cree que a veces habla de más (ríe).
Hace unos años, la familia vio en video las participaciones de padres e hijos con discapacidad en competencias de alta resistencia. Se emocionaron. A Gaby le pareció “chéreve”. Pero a Roberto le quedó rondando la idea y no vaciló en proponerle a su hermana hacer el IRONMAN 70.3 Ecuador; después de todo ya habían tenido experiencia juntos en algunas competencias pequeñas de aventura y pedestres.
La cosa no era tan fácil. Roberto, quien jamás había hecho un 70.3, pero sí pruebas de esfuerzo similares como aventura, empezó el entrenamiento físico varios meses antes del gran día. Obviamente para ellos no era suficiente todo el equipo convencional de un triatleta, tenían que pensar en grande: en un kayak acoplado (de Salango Kayak) para llevar a Gaby en la natación, una bicicleta especial (marca alemana HASE, modelo PINO), y acoplar bien la silla para el trote. Todo llegó, un mes antes del 70.3, con “Fulacolite’, un proyecto personal de la ahora ‘finisher’, que nació hace algún tiempo para hablar de la verdadera inclusión social de las personas con discapacidad.

 
¿Qué es la inclusión? Hacer lo que hicieron estos hermanos, apoyarse mutuamente para vivir una de las experiencia más emocionantes de la vida. “Tengo que vivir la vida con la que me tocó vivir”, dice Gaby, y entonces VIVIR toma un significado profundo. Ambos tuvieron miedo, repensaron el plan, continuaron sin titubear, se rodearon del mejor equipo de apoyo: primos, amigos, fotógrafos, padres angustiados pero acolites…y simplemente hicieron realidad un sueño, convertirse en FINISHERS 70.3.
Cada uno hizo su parte. Mientras Roberto iba al gimnasio, pedaleaba, nadaba, corría y realizó un esfuerzo demás en competencia, a Gaby le pesaron los 27 años de terapia física que ha hecho día tras día, un acondicionamiento que le permitió enfrentar la prueba sin dificultad. El miedo mayor era estar en alta mar, que el cuerpo de Gaby mantuviera el equilibrio y lo hizo. Debían ir atentos a la señalización de la organización en ciclismo y trote que les alertaba de las condiciones del camino.
En un principio, Gaby pensó que terminaría con dolor, pero lo cierto es que cruzó la meta ‘fresca como una lechuga’, después de 6 horas 39 minutos y 50 segundos, caminando, con su hermano teniéndola por debajo de los brazos, y con esa sonrisa, ¡esa sonrisa!
La energía el día de la competencia fue increíble. Tantas palabras de aliento y admiración. Tantos momentos especiales, como cuando unas niñas pequeñas se acercaron al equipo durante la media maratón para obsequiarle unas galletas.
El equipo Salud S.A. Fulacolite es tendencia en redes sociales. Varios días después de la competencia la gente sigue hablando de ellos, y lo harán por mucho tiempo, ojalá para siempre. En este encuentro nos enteramos de un saldo intenso. Una madre, quien se había enterado de la hazaña de estos chicos, le escribió a Patricia días después de la competencia para preguntarle ¿cómo había logrado enfrentar como madre la discapacidad de Gaby? ¿Cómo era posible ver a estos dos chicos felices y haciendo lo impensable, como si no pasara nada? Le contó que tenía una niña de un año que había pasado por la misma dificultad de Gaby al nacer. Que estuvo a punto de entrar en depresión hasta que se enteró de sus hijos. Le dijo: “Ojalá un día, inspirada en usted, pueda ver a mi hija Elisa completando un IRONMAN junto a su hermano Rafael”.

El momento especial que este ‘team’ nos regaló no se queda ahí. El siguiente paso de FulAcolite es seguir incentivando la inclusión. Pronto realizarán una competencia pedestre con varias personas en silla de ruedas. Ellos invitan a soñar a todos, a romper los prejuicios en torno a las personas con discapacidad, a comprender que todos somos iguales pero diversos. A asumir la responsabilidad en los hogares de sensibilizar a nuestros niños sobre el trato igualitario y respetuoso que deben dar a las personas con discapacidad y sin ella.
Gaby y Roberto alzan el puño, entrelazando el pulgar entre el anular y el dedo medio, un gesto común cuando las manos de Gaby se tensionan, pero que ahora simboliza un abrazo de apoyo que nos dice que nada, nada es imposible.

 

Fotos : Soledad Rosales .
Asistente de fotografía : Sofía Córdova
Producción : Alejandra Reyes Roggiero .Fotos en competencia: Gabriel Cadenas.