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Guerreros en la montaña

Imagina que estás ciego, o que te amputaron una pierna y, sin embargo, decides embarcarte en una de las competencias más difíciles: una jornada de cinco, seis, hasta ocho horas que implica abismos, lodo y empinadas cuestas. ¿Imposible? Pues eso es precisamente lo que estas personas hicieron en una prueba de trail running. Todos cruzaron la meta por primera vez.

Fotos: cortesía Lucas Scott/ @petzltrailplus/ Santiago Sanchéz (AMB Trail Runners)/ Cristian Garzón.

 

Vladimir Ganchala corrió a oscuras tomado de una cuerda sujeta a su guía, Byron Pozo. Se apoyaba en su hombro y Byron le describía todo, absolutamente todo. Percibía que estaba en una selva. A veces, confundía el sonido de la fuerza del viento que agitaba las copas de los árboles con las de un torrencial río.

Hubo un tramo, especialmente, duro en la carrera, en el que la gente estaba bajando sentada por lo endeble del suelo lodoso. Una caída era inminente. Ellos decidieron ir parados. Vladimir sabía que a uno de los lados habían despeñaderos. De repente, sintió que Byron se desplomó. Dejó de sentirle. “¡Ya se mató!”, pensó. “¡Byron, Byron!”. “¡Tranquilo, estoy acá abajo no más!”, le contestó. Su alivió fue grande.

Cuando se embarcaron en la aventura de participar en la trail running Petzl Trail Plus, no se imaginaron todo lo que iban a vivir como deportista ciego y guía. La diferencia entre expectativas vs. realidad fue tan abismal que el tiempo planeado de 5 horas y un poco más, se convirtió en unas agotadoras 8 horas y media.

Ambos son parte del equipo Achilles International, conformado también por los deportistas con amputación Jaime Castillo, Ángel Pulla, Cristóbal Martínez y Mario Casco y los apoyos Marcelo Verdesoto, Jorge Salazar y Mario Ortiz.

El puro amor por el deporte, ha convertido a estos deportistas en los protagonistas de una hazaña nacional al ser las primeras personas con discapacidad en participar en una prueba de trail running (en la distancia de 21,60 kms), complicada por las condiciones mismas de la montaña y el terreno, que duplica la distancia si se la compara con una de asfalto.

 

Los retos del escenario

Llovió durante la noche previa a la competencia. Los participantes estaban advertidos de que habría lodo y mucho. La primera vista a la altimetría de la Petzl Trail Plus alertó sobre la dificultad de la ruta. Muchas subidas y bajadas, que ya en acción resultaron tener una verticalidad impresionante.

El trail de la Virgen al Mirador, en Baños de Agua Santa, inició a las 5 de la mañana partiendo de los 1820 msnm. Con el transcurso de las horas, con la primera gran cuesta, coronaron los 2806 metros, el punto más alto de la competencia, para culminar acumulando un desnivel de 3862 metros (2010 fueron positivos).

Para su participación, el equipo no solicitó a la organización de la carrera cambios en la ruta.

Durante el recorrido llovió varias veces. En ciertas partes, el lodo llegó a cubrir unos centímetros más allá del tobillo.  A esto se sumó,  las propias dificultades de la Petzl Trail Plus. En redes sociales, se comentó que la carrera fue “extremadamente dura”, más de lo planeado.

Historias de tenacidad

Vladimir es ciego desde hace 40 años. Un trauma por un accidente en auto a los 11, le fue quitando, poco a poco, la visión, hasta que a los 17 todo se volvió oscuro.

El deporte siempre fue su razón de ser. No en vano tiene impresionantes marcas en sus especialidades, los 200 y los 400 metros planos: 29 segundos y 1 minuto 5 segundos, respectivamente.

Jaime Castillo, Ángel Pulla, Cristóbal Martínez y Mario Casco son todos héroes del Cenepa con alguna amputación en sus piernas.

Jaime fue deportista desde su niñez y ser parte del ejercito le permitió lucirse en varias disciplinas deportivas como el pentatlón (tiro de fusil, pista de obstáculos en 500 metros, natación con obstáculos, lanzamiento de granada y 8 kms en campo través), hasta llegar a representar al Ecuador en un Mundial. Pero en la guerra del 95 perdió su pie después de pisar una mina. Pensó que nunca sería el mismo otra vez.

Volvió a caminar al año del accidente y recuerda que su retorno a la acción fue en una 10k obligatoria para el personal militar. “Cuando me presenté, mi superior me dijo: “Jaime, para usted no es obligatorio”. Yo le contesté: “Capitán, discúlpeme, pero usted me está discriminando. Yo quiero correr”. Salió con el objetivo de no llegar último. La realidad fue que a medio camino, la camioneta que resguarda a los corredores le pisaba los talones. El Capitán le dijo que subiera. Nuevamente se rehusó. Al final, cruzó la meta. Ese fue el inicio de su regreso oficial al deporte y su pasión por las maratones en asfalto.

Compañeros de batalla

Esta fue la primera vez en una carrera de montaña para todos los deportistas de Achilles Intenational. Pero para lograr este gran objetivo Vladimir contó con la guía de Byron, y el resto con el apoyo de Marcelo Verdesoto, Jorge Salazar y Mario Ortiz. Atletas entrenados que duplicaron sus esfuerzos diarios de entrenamiento para ejecutar su plan personal y su plan como guía y apoyos.

Pese a la preparación, en carrera, la labor de guía para sortear las dificultades de la montaña fue difícil. En uno de las bajadas, José Luis López y Pamela Díaz, una pareja de enamorados, se separaron para ayudar a Vladimir y Byron. “Nos acompañaron durante gran parte de la carrera. Bajaba guiándole a Vladimir paso a paso, pero hubo momentos en los que no podía continuar porque ponía en riesgo su seguridad. Fue ahí que José Luis me dio una mano extra”, cuenta Byron.

Jaime entrenó para este evento específico unas tres semanas antes. Durante su preparación, se dio cuenta de que había un punto en que el muñón le comenzaba a doler por la pisada constante en terreno irregular. A la mitad de la carrera, la molestia le atacó. “Me detuve y me saqué la prótesis. Golpeé el muñón varias veces hasta sentir alivio y continué”.

Recuerda que en un tramo de la carrera, delante había un corredor que estaba furioso por el nivel de dificultad de la prueba. “Se iba quejando todo el rato. Le rebasé y le escuché decir: “¡Chuta y yo quejándome!. Aunque mi intención no era que la gente se inspire viéndome, me dio una dosis de energía saber que mi participación le cambio el enfoque”.

Para Marcelo fue su primera vez como apoyo. El objetivo fue dar soporte físico y emocional a su compañero, Cristóbal. En entrenamiento acordaron llevar bastones de trekking. Ya en carrera y con 3 años de experiencia en este tipo de competencias, Marcelo recomendó ritmos de carrera y técnicas para sobrellevar las subidas y las bajadas. También era el encargado de llevar la mochila con hidratación y equipo, para descargar cualquier peso extra que le dificulte el paso a su compañero. “Había momentos en que Cristóbal me decía: “Voy a bajar la velocidad”. Entendí que era preciso para mantener la integridad de la prótesis”.

Todos llegaron a la meta ilesos. ¿Si quieren volver a participar en una trail running? Vladimir vacila, entre risas. Mientras que Jaime no lo duda ni por un instante, con un enfático: “Amo el deporte. Me siento vivo”.

Finalmente, varios miembros del equipo reflexionan sobre la realidad del deporte paralímpico en el Ecuador. Sus impresiones:

  • Las competencias nacionales necesitan incorporar categorías para discapacitados según su naturaleza: ceguera, amputación, sillas de ruedas…Es la única manera de que estos atletas puedan obtener referentes reales de sus marcas para mejorar su performance.
  • Los deportistas discapacitados deben ser reconocidos por su participación en las competencias.
  • Se hace necesario el apoyo de la empresa privada y de las instituciones públicas para que el deporte paralímpico crezca. Muchos entrenan como élites, invirtiendo sus propios recursos, sin ningún respaldo oficial.
  • Invertir en el deporte es uno de los mejores mecanismos sociales para respaldar a las personas con discapacidad.