Home2017Agosto

La organización ecuatoriana del IM 70.3 Manta, estrenó la primera edición de la serie en Perú. Ecuador fue representado con una gran delegación de 175 ‘finishers’.

Fotos: Cortesía IRONMAN 70.3 Perú.

 

132 amantes de la aventura participaron en el Huarasinchi 2017. El equipo Terra Aventura de Ecuador logró el primer lugar después de una travesía de 62:26 horas por la ruta de las lagunas escondidas. 

Fotos: Cortesía Proyecto Aventura/ Gabriel Cadenas.

Esta carrera de espíritu familiar se realizó en medio de los parajes de Paquiestancia, en Cayambe, con la participación de 403 personas. En los dos días de evento se corrieron rutas de 30, 15, 8, 2 km y una prueba vertical de 4km. Algunos de sus protagonistas nos dan detalles de la experiencia.

Fotos: Cortesía Proyecto Aventura/ Gabriel Cadenas

 

Hoy es común escuchar: “sin entrenamiento funcional no hay resultados”, pero ¿tienes claro de qué se trata esta tendencia y cómo impacta en tu cuerpo y entrenamiento? Pasemos de la moda a los hechos.

Por Alex Galeth

CPT NASM (National Academy of Sports Medicine) # 1483149
Personal Trainer to Watch 2014 LifeFitness/ Latin America
www.alexgaleth.com
Twitter:@AlexGaleth
e-mail: alex@alexgaleth.com

Empezaste a correr. Las tres primeras semanas fueron duras, pero la sensación de bienestar valió la pena. A la quinta semana empezaste a sentir un dolor en la canilla. Visitaste al doctor, quien te recomendó fortalecimiento muscular por un par de semanas para que vuelvas al trote suave. Fuiste al gimnasio, ahí el entrenador te recetó ejercicios para bajar de peso y entrenamiento en máquinas para trabajar músculos por separado. La primera semana de regreso al pavimento fue fabulosa pero unos días después esquivaste a un ciclista y te torciste el tobillo. ¡Qué desgracia correr no es tan saludable como pensabas! ¡Quizás correr no es para ti!
¡Bienvenido al mundo real! Este caso lo he escuchado tantas veces que parece seguir un patrón repetitivo y constante. Al parecer, el practicar un deporte específico no es garantía de ser saludable o de estar libre de lesiones, pero si haces todo lo que te dicen ¿por qué te lesionas?

Entendiendo el funcionamiento del cuerpo
El cuerpo es una estructura perfecta que ha evolucionado para moverse erguido sobre la superficie del planeta. Valiéndose de las extremidades se traslada de un lugar a otro, rota sobre la columna para alcanzar objetos e incluso para caminar. Al ser sujetos tridimensionales nos movemos en tres planos al mismo tiempo.
Plano frontal: En este se producen todos los movimientos desde la línea central del cuerpo hacia los lados. Te permite subir y bajar los brazos desde los lados, abrir y cerrar las piernas hacia los lados y hacer flexiones laterales de la columna.
Plano sagital: Se producen los movimientos de flexión hacia adelante o atrás. En este plano se produce caminar, los movimientos de las rodillas y codos, al igual que algunos de la cadera, los hombros y la columna vertebral.
Plano transverso: Se producen todo los movimientos de rotación, tanto a nivel de la columna como en las articulaciones del hombro, cadera y cráneo – columna.

fitness-entrenamiento

Sobre el entrenamiento funcional
Una vez que entendemos que para fortalecer el cuerpo se debe trabajar en estos tres planos, identificaremos qué ejercicios son funcionales y cuáles no.
El entrenamiento funcional implica movimientos integrados, multi – planares, que incluyen aceleración, desaceleración, estabilización, fuerza, potencia y eficiencia neuromuscular. Mientras mayor número de articulaciones y músculos, más funcional podría ser un ejercicio, dependiendo siempre del objetivo que se persiga: mejorar fuerza, potencia, velocidad, balance, equilibrio, coordinación, resistencia.
El entrenamiento funcional le da poca importancia a los movimientos mono articulares, los que se hacen en algunas máquinas, donde solamente flexionas los codos para trabajar bíceps por ejemplo, o flexión – extensión de rodilla mientras se aísla el resto del cuerpo. No estoy diciendo que esos ejercicios son malos, solamente que no son funcionales. El fortalecer los músculos de esta manera limita la habilidad del cuerpo para producir movimientos en tres dimensiones y precisamente esos ejercicios que no hacemos son los que necesitamos para cualquier práctica deportiva.
Considero que uno de los factores por los que los gimnasios convencionales no ofrecen estos entrenamientos es porque muchos de los equipos y ejercicios fueron desarrollados para el fisicoculturismo y los entrenadores son fisicoculturistas.

Implementos necesarios
Los ejercicios funcionales no requieren de máquinas complicadas, por el contrario, usamos el propio cuerpo como elemento fundamental. En la actualidad existen algunos accesorio útiles como TRX, Bosu, pelotas medicinales, Kettlebells o pesas rusas, bandas elásticas, sacos de arena.
Volviendo a nuestro corredor, una de las mejores maneras de entrenar funcionalmente es incluir movimientos de rotación, mientas nos desplazamos hacia adelante, atrás, los lados, con peso a un solo lado para luego cambiarlo hacia el lado opuesto.
Además hay que halar, empujar, cambiar de nivel (moverse de arriba hacia abajo), rotar la columna y desplazarse.
Y en el caso del corredor lesionado, correr es una actividad repetitiva, primordialmente en el plano sagital, que si no hacemos fortalecimiento funcional tanto en el plano frontal y transverso, podríamos terminar aún más lastimados.

Rutina funcional para corredores
Los siguientes ejercicios funcionales te ayudarán a fortalecer los otros dos planos mientas se fortalecen los músculos que usamos al correr.

 

entrenamiento- fitness

fitness-entrenamiento

fitness-entrenamiento

fitness-entrenamiento

fitness-entrenamiento

fitness-entrenamiento

 

Fotos: Soledad Rosales.
Producción: Alejandra Reyes Roggiero.
Modelo: Alegría Valdez.
Vestuario: Tesx.

A sus 15 años, Daniela Calapiña es considerada la mujer más joven en coronar el Chimborazo. Ella sueña con llegar a la cumbre del Aconcagua y algún día a la del Everest.

 

 

Daniela Calapiña es silenciosa como la montaña, pero en sus ojos vibra una mirada activa y juguetona. La niña que exploraba el taita ‘Chimborazo’ desde que aprendió a caminar sigue habitando en la adolescente pequeña y delgada, que se va construyendo a paso firme como una montañista profesional.

Ella es indígena, nació y vive en la comunidad de Pulingui, nombre puruhá que significa “rojo guerrero”. Su casa está literalmente muy cerca del Chimborazo, a sus faldas, a una altura de 3280 metros sobre el nivel del mar. La altura es su estado natural.

En Pulingui, las personas siguen hablando la lengua nativa, el quichua. Se dedican a la agricultura y la ganadería. Las mujeres elaboran artesanías con la fibra procesada del borrego y la alpaca para ayudar en sus hogares. Los más jóvenes se han profesionalizado y hay otros como Daniela, que han escogido un camino que aún no es aceptado entre la comunidad, hacer deporte extremo: montañismo, escalada y trail. Si fue difícil para su padre, Manuel Calapiña, guía de montaña, para ella, joven y mujer, lo es mucho más. Pero su familia la apoya.
“Mi padre dice que mucha gente nos considera ‘locos’, pero gracias a Dios ahora somos dos practicando lo que nos gusta. Pienso que en un futuro puedo sumar muchos ‘locos’ para desarrollar el deporte en nuestra comunidad, donde existe talentos ocultos”.

Pablo Chiquiza, Daniela Calapiña y Manuel Calapiña

Pablo Chiquiza, Daniela Calapiña y Manuel Calapiña

El 17 de septiembre de 2016, Daniela hizo historia: se convirtió en la mujer más joven en coronar el Chimborazo de 6268 metros, la montaña más alta del Ecuador y el punto más alejado del centro de la tierra. Lo hizo con el apoyo de sus compañeros de fórmula, su padre Manuel, Pablo Chiquiza y Maritza Gómez. Ese día la montaña de sus sueños la recibió en calma, con una noche de luna llena, buena nieve y poco frío. Después de más de siete horas de ascenso, a las 7:10 a.m., llegaron a la cumbre que los cobijó con sol y una vista única de los volcanes andinos. Esa cima fue dedicada para su madre, una mujer puruhá.

Hasta hoy tiene dos cumbres en el Chimborazo y ha hecho ascensos por diferentes rutas: la del Corredor, la del glaciar Stuvel y por la arista Guarguallá.
Hay enseñanzas indígenas que guían el camino de Daniela: ‘Ama llulla’, no ser mentiroso. Ama Shuhua, no ser ladrón. Ama quilla, no ser ocioso. Y el respeto a la Pacha Mama y a todo lo que habita en ella: lagunas, ríos, montañas, plantas, animales. “Todo debe permanecer en equilibrio”.
Ese equilibrio parece ser algo innato en ella. Cuando habla de la montaña es imposible que no se le marque la sonrisa. Tal es la comunicación con su entorno, que Daniela se ha convertido en una corredora innata de trail con seis carreras locales en las que ha conseguido podio, participando en categoría abierta de 19 a 29 años.

A inicios de este año, Daniela se unió al proyecto “Ecuador más cerca del sol”, con deportistas de alto rendimiento como Cristian Criollo, Pablo Chiquiza, Nicolás Miranda, Romel Sandoval, Manuel Calapiña y el deportólogo Mario Ochoa. Los objetivos fueron apoyar, por un lado, a Nicolás Miranda para batir un récord mundial en el Aconcagua, en Perú y, por otro, lograr que Daniela se convirtiera en la mujer latinoamericana más joven en coronar el coloso. Sin embargo, problemas de aclimatación le impidieron seguir a las 4 horas de ascenso. Lloró, pero el sueño tan solo se postergó hasta el 2018.

“En estos años he aprendido que no es cuestión de salir volando para alcanzar nuestros sueños, hay que trabajar mucho e ir despacio. No solo cuenta la voluntad, también los recursos. Mi mensaje para los jóvenes de mi generación es que se puede hacer algo saludable y diferente a lo que vivimos a diario. Mi sueño es dejar en alto el nombre del país, teniendo como ejemplos a grandes deportistas como Iván Vallejo, Carla Pérez, Juliana García, Karl Egloff y Nicolás Miranda”.
Daniela Calapiña es silenciosa como la montaña, pero en sus ojos vibra una mirada activa y juguetona, que un día espera ver el mundo desde las cimas de dos grandes anhelos, el Aconcagua y el Everest. Seguiremos sus pasos.

Fotos: Soledad Rosales.

Cuando el miedo se apodera de la vida, enfermamos. Somos incapaces de hallar al verdadero ser interior que yace en nosotros. Pero si decidimos, conscientemente, despojarnos de los sentimientos negativos que nos acosan hallamos un nuevo camino, el amor.  Un artículo para reflexionar y atrevernos a sanar.

 

Woody Allen dijo que el miedo es su compañero más fiel, que jamás le ha engañado para irse con otro.  Todos podemos decir lo mismo, porque el miedo es de todos, pero cada uno lo vive individualmente.

 

El miedo fue siempre la sombra y también el socorrista. El miedo es saludable,  bien entendido, y es necesario porque ayuda a evitar situaciones muy dolorosas. Es un mecanismo de defensa que forma parte del ADN del ser humano. Ante el peligro, verdadero o imaginativo, el miedo activa el sistema de supervivencia y permite responder con rapidez y eficacia ante las adversidades. Fue aprendido y transmitido por los primeros habitantes de la tierra y forma parte del esquema de adaptación del hombre.

 

Resulta, que hoy en día necesitamos llegar de urgencia a esta sabiduría ancestral, porque vivimos una época caracterizada por la inseguridad humana. La confianza y las certezas de otros tiempos dieron paso a un periodo de incertidumbre y de perplejidad.

 

Desde 1945, fin de la Segunda Guerra Mundial, no ha pasado ni un día sin que en alguna parte del planeta estalle una guerra o conflicto armado. Cada nueva generación construye su vida sobre estos archivos, almacenados en el gran disco duro de la evolución de la humanidad. Este saber enfermó las sociedades y las convirtió en enfermos-miedosos.

¿Qué pasa cuando enfermamos?

Generalmente, experimentamos miedo, desesperación, ira, resentimiento y aflicción, según la gravedad. Puede comenzar con un dolor emocional que pronto, como todo funciona en círculo, se convierte en físico-orgánico, sicológico, mental y espiritual. El cuerpo es frágil y vulnerable a la enfermedad y el dolor, y la muerte está absolutamente garantizada  en algún momento. Situación que produce más miedo y enferma más. Un círculo vicioso.

 

Sin embargo, no estamos nunca preparados para afrontar este tipo de situaciones en la vida, no se nos ha enseñado a dominar las emociones. La mayoría de la humanidad vive en un estado negativo, nos indignamos o incluso nos ofendemos cuando la enfermedad (el tipo que sea), un accidente o la muerte nos afecta  a nosotros o a las personas que queremos. Últimamente, inclusive, reaccionamos indignados por el dolor de personas que no conocemos. “¡Mañana nos puede tocar a nosotros!” Ya no hay distancias, todo está muy cerca.

 

Resulta importante encontrar a  alguien con quien hablar. Alguien que sepa  lo que implica estar enfermo y posiblemente sepa sobre la muerte.

 

Tenemos miedo al futuro, porque sabemos que el futuro nos traerá enfermedades, dolor y muerte. En lugar de afrontar y aceptar  esas circunstancias, preferimos aferramos al pasado, aún cuando este haya sido doloroso y traumático. Aferrándonos al pasado y manteniéndolo vivo en el interior evitamos vivir el presente y preferimos ignorar el futuro que asumimos contiene un riesgo para la vida. Por esta actitud, el pasado empieza  a pudrirse en nuestro interior.

 

¿Qué pasa si soltamos lo que nos atormenta?

La retención de la culpabilidad, el resentimiento, el odio, la frustración nos ha dado motivos por el que estar aquí, una razón de ser todo lo infelices y críticos que somos ahora. Sin estos sentimientos negativos tendríamos que enfrentarnos a nuestro propio vacío. Tendríamos que afrontar el miedo a perder lo que creemos que somos, a estar sin  algo y a prepararnos para convertirnos en lo que podamos ser cuando seamos libres.

 

El remedio, se llama amor, porque amor y miedo no pueden coexistir. El amor es expansivo e inclusivo, el miedo es contractivo y exclusivo. No es posible  sentir miedo y amar incondicionalmente al mismo tiempo. De manera que si experimentamos terror a la soledad, al rechazo, a una pérdida o al vacío, la única forma de superar estos miedos consiste en madurar el amor, primero hacia nosotros mismos.  Cuando nos amamos de verdad, amamos a los demás libremente y ellos, a su vez, podrán amarnos con toda libertad.

 

Entonces ya no necesitaríamos una enfermedad ni nada parecido para aceptar que nos amen.

 

Para amar a  los demás deberíamos antes perdonarnos a nosotros mismos. Solemos creer que son los demás los que necesitan nuestro perdón, porque fue el daño que hemos experimentado a través de ese sentimiento lo que nos ha inculcado tanto miedo. No obstante, sabemos en realidad, en lo más interno del ser, que somos enteramente responsables de todo aquello que nos ha ocurrido. Y si buscamos, sin  engaños, encontraremos la culpa o la vergüenza.

 

Podemos interpretar esto como una necesidad de venganza, resentimiento y odio, pero es hacia nosotros mismos que experimentamos tales sentimientos. Nadie puede irritarnos ni herirnos, es en nuestra reacción donde se encuentra la ira, el odio o el dolor. Y esa reacción es interna.

 

El autocastigo y la curación

Ya podemos preguntarnos qué proporción de autocastigo contiene nuestra enfermedad. Mientras desarrollamos la consciencia y nos capacitamos para  reconocer los miedos internos, los odios y las emociones reprimidas, debemos encontrar una forma de empujar esos sentimientos hasta la superficie para librarnos de ellos.

 

Para dar comienzo al proceso de curación debemos considerar si realmente deseamos mejorar, puesto que no siempre es un camino sencillo. Mucha gente prefiere ingerir una píldora a afrontar su propio odio, o bien optar por la cirugía antes de plantearse un cambio de conducta. Cuando consideramos nuestro potencial de bienestar a través de una cura concreta  podemos observar un cierto rechazo o incluso la negativa a llevar adelante el tratamiento. Debemos querer mejorar antes que preferir la familiaridad y la rutina de estar enfermos.

 

Pueden existir razones ocultas de la enfermedad que nos proporcionan una recompensa y esta nos distancia del deseo de mejorar. Talvez  obtenemos mucha atención o afecto  cuando estamos indispuestos. O quizás este estado se convirtió en un compañero y experimentamos un vacío ante la idea de su extinción.

 

¿Y si surge de nuevo el miedo?

Stephen Levine dice lo siguiente: “La curación como la gracia, pueden resultar un tanto desorientadoras en sus primaras fases. Son una ruptura con lo viejo para revelar lo nuevo. La curación, como la gracia, nos conducen siempre hacia nuestra naturaleza verdadera. De hecho, la curación  no es un destino  al que nos dirigimos, sino un descubrimiento del lugar donde ya estamos. Una participación en el proceso que se revela de un momento a otro. Muchos  pedimos un milagro cuando todo lo demás ha fallado. Deseamos que la gracia descienda sobre nosotros. Pero la gracia viene de adentro. La gracia emerge cuando la curación ya esta en marcha”.